El autor analizó el bombardeo a Plaza de Mayo, el derrocamiento de Perón, los fusilamientos del ‘56 y las consecuencias que esas disputas tuvieron en el devenir nacional.

Entre junio de 1955 y junio de 1956 sucedieron dos hechos que marcaron la historia argentina, el bombardeo a la Plaza de Mayo y los fusilamientos de José León Suárez. Para muchxs ese fue el germen de lo que veinte años más tarde se multiplicaría, tanto en el número de víctimas como en la crueldad desplegada. Pero los lazos van más allá de las prácticas del Terrorismo de Estado y los nombres en común. “La historiografía de los ’70 es muy amplia, pero falta explicar lo anterior”, propone Juan Pablo Csipka, autor de Masacres en junio (Editorial Octubre),Página/12. “¿Por qué se fue (el presidente Juan Domingo) Perón? ¿De qué vuelve? ¿Qué pasó en el medio? ¿Cuáles fueron las condiciones de su salida en el ’55?”, se pregunta, y en las páginas del libro analiza las acciones previas, incluido el bombardeo, y génesis del golpe que lo derroca, las internas militares que derivaron en los fusilamientos al año siguiente y las consecuencias que esas disputas tuvieron en el devenir nacional.

>> Nota publicada en Página/12

El libro, que tendrá su presentación con el autor, Pablo Alabarces y Ricardo Ragendofer el martes 21 a las 18.30 en la Librería Caras y Caretas (Junín 365), narra con precisión lo transcurrido entre junio del ’55 y junio del ’56, contextualizando el período para proponer una lectura sobre de dónde viene y cuáles son sus proyecciones en nuestra historia. Lo hace a través de diversas fuentes, como libros, diarios, revistas, películas y testimonios conseguidos por Csipka, para construir una trama que, a pesar de la precisión de los datos, consigue la fluidez de una narración entre el detalle historiográfico y la naturalidad periodística. No es una tarea sencilla: tras el bombardeo se declararon 156 víctimas, pero en 2010 la Secretaría de Derechos Humanos reconoció 308 muertos, aunque el número sigue siendo parcial; y un año después, el gobierno militar que derrocó a Perón fusiló a 27 personas, hecho que en junio de este año, cuando se cumplieron 70 años, fue declarado delito de Lesa Humanidad.

“Quería meterme en lo que era la semana del golpe, que para mí es de película”, destaca Csipka. “Fue el único golpe de Estado en la Argentina que no se resolvió en un solo día. Todos los golpes fueron escaramuzas: el del ’30 fue con los cadetes e (Hipólito) Yrigoyen no quiso reprimir. El del ’43 fue bastante violento; de hecho, hubo un tiroteo frente a la ESMA con 70 muertos en que el encargado de reprimir fue el general (Eduardo) Ávalos, que quedó muy marcado y por eso no quiso reprimir el 17 de octubre del ’45. A (Arturo) Illia en el ’66 lo desalojaron así nomás. En el ’76 desviaron un helicóptero de Casa Rosada a Aeroparque y listo. Pero en el ‘55 tuvimos torpedeo de Mar del Plata, combate aeronaval en Río Santiago, sublevación en Mendoza, bombardeo de Río Colorado, sublevación en Corrientes”, enumera el autor.

-Ya venían de años anteriores de intentos de golpe que fracasaron, el peronismo estaba fuerte a pesar de la muerte de Evita y entre los militares no había acuerdo total sobre cómo llevar adelante este nuevo intento. De hecho, hubo negociaciones entre los golpistas y el gobierno. ¿Se podría haber resuelto de otra manera?

-Fue un golpe de Estado en el cual la Argentina realmente pudo haber entrado en una guerra civil. La frenó Perón y pagó con su exilio. La guerra civil probablemente la hubiese ganado, probablemente hubiese movilizado a los civiles. Ahí voy a la tesis de (Alejandro) Horowitz: si Perón iba a la guerra civil, que podía durar un día, dos días, diez semanas, y con civiles, ¿cómo sale victorioso de eso? ¿Cuán victorioso? Ya no era más el comandante de una alianza policlasista, se rompía la unidad del Ejército, pasaba a ser el comandante del proletariado argentino, se iba a otra categoría. ¿Cómo reconstruir la unidad del Ejército después de eso? El tipo pensó con cabeza militar y dijo “Me las tomo”. Probablemente haya pensado en el baño de sangre, esta cuestión que él siempre decía “sangre o tiempo”. Bueno, su retorno lo preparó con tiempo y no con sangre.

-¿Cómo se construye ese hilo entre el golpe de la Fusiladora y el Terrorismo de Estado del ’76? ¿Qué relación puede establecerse entre las dos dictaduras?

-Tipos que aparecieron en la dictadura del ’76 que eran los jóvenes oficiales del ’55, todos unidos por el antiperonismo. El ’76 es peor por lo que sabemos, además tenían todo para hacer su movimiento político, que no pudieron hacerlo. Perón estaba muerto, el peronismo desacreditado por lo que hizo el gobierno de Isabel… En el ´55 Perón se fue al exilio, tenía amplio consenso, lo tuvieron que proscribir porque no sabían cómo controlarlo. No pudieron hacer lo que sí hicieron en los ’70, que es la clave: el cambio del programa económico. Si los militares del ’55 hubiesen tenido las condiciones para terminar con la industrialización, lo habrían hecho. En el ’76 tenían todo a favor para hacer el desastre que hicieron y uno puede decir que “fracasaron” en el armado de su partido político.

-Después del bombardeo, ya en el poder, el gobierno militar ordenó fusilar a quienes estaban planeando un alzamiento militar, con el Teniente General Juan José Valle a la cabeza. Pero también fue una represión ilegal, como demostró Rodolfo Walsh.

-En Los cuatro peronismos, Horowicz dice una frase tremenda: el ’76 multiplicó por miles los basurales de Suárez. Fue la continuidad. O sea, actuó en la clandestinidad al por mayor. El alzamiento estaba infiltrado, no tenía chance de triunfar, e hicieron una demostración de fuerza muy sarpada. (El presidente de facto general Pedro Eugenio) Aramburu había dejado firmados los decretos de represión porque estaba en Rosario, y (el vicepresidente, contralmirante Isaac) Rojas fue a la medianoche a casa de gobierno, puso su firma y dijo “Fusilen, pero a la luz del día”. Uno podría pensar también hasta qué punto los militares de Valle se preguntaban si el levantamiento salía mal… “¿Nos van a fusilar? ¿O queda en una patriada?» El propio Perón fue muy crítico, dijo que no están dadas las condiciones. En ese sentido, Perón era un tiempista como Aramburu en el ’55, que dijo que si no estaban dan las condiciones de alzarse, no había que hacerlo.

-Durante la dictadura que derrocó a Perón se impuso la línea más antiperonista y sacaron el famoso decreto 4161 que prohibía hasta nombrar cualquier cosa relacionada con el peronismo. Sus métodos represivos, reelaborados y profundizados, fueron llevados adelante en la última dictadura cívico-militar. Aunque obviamente no hay el nivel de represión de aquellos años, ¿ves alguna relación con el presente?

-Soy hijo de ingeniero, te voy a responder con la primera ley de la termodinámica: la energía no nace ni muere, se transforma. Va mutando en sus características, en sus contextos, pero hay algo en el ADN que entronca con el pasado. Por eso siempre machaco en estos últimos años con la 125. La 125 para mí es uno de los hechos clave de la política argentina de este siglo porque fue el acta de refundación de la derecha argentina, que trae un discurso neo-antiperonista. Regorilizó a los radicales: la idea del “populismo” en sentido peyorativo empezó ahí. Y los radicales empezaron a hablar con una retórica que no tenían sino antes del ’73. ¿Cuál es tu nivel de identificación con terratenientes que tienen veinte mil hectáreas en la pampa húmeda, que facturan a lo pavote y que si no le ponés retenciones vas a pagar el kilo de pan más caro, por ejemplo?